VII Congreso de Cofradías de Jesús Nazareno Cautivo, Rescatado y de Medinaceli
 
 

 

 

VENANCIO BLANCO

"Sólo entrar en la sala española y ya se advierte un ambiente distinto. Aquí vive una tensión. Se alza ante el visitante inolvidable el Cristo de Venancio Blanco. Como suele suceder con toda obra lograda, se adentra en el alma del espectador toda entera sin razones ni porqués, sin detalles ni matices. Luego comienza uno a darse cuenta. Es de metal pero no pesa. Es tan rica de espíritu como alada a fuer de ser espiritual. El metal sólo ofrece superficies. No hay volúmenes. Placas tan sólo para dar los planos, el rostro, la máscara, el pecho, tabla, manos ni juntas ni en ojiva, sino en paz, la una sobre la otra; los paños verticales del hábito, el cordón de San Francisco para recordar que el hábito no es el histórico, sino el eterno. Y por dentro de esta imagen vacía de materia, el vigor. Ese vigor es lo que me querían indicar los que me comentaban la Bienal y me aseguraban que la habían dominado los Españoles. [.]  Vigor,
siempre vigor."

Salvador de Madariaga.

("La Bienal de Arte Cristiano Moderno",
Cuadernos para el diálogo, octubre de 1964)

"Esta escultura nació con destino a la Parroquia de San Lorenzo de El Escorial. La libertad de interpretación me permitió realizarla en chapa de hierro y bronce, utilizando la soldadura autógena y la fundición artística a la cera perdida (ésta última para la cabeza, manos y pie).

Figura erecta, vertical, expresando firmeza a la vez que una profunda serenidad, presenta las manos que van a ser atadas y adelanta los brazos para crear un espacio junto a su pecho que se nos ofrece como lugar de descanso eterno.

Elegí la chapa en mi continua búsqueda de formas nuevas, pretendiendo además incorporar el color de la misma a modo de policromía, al provocar con la soldadura diversas tonalidades mediante la oxidación del metal.

La cabeza, fundida en bronce, fue trabajada insistentemente con altas temperaturas, conseguidas con la autógena, hasta lograr el efecto deseado."

Venancio Blanco

("Las Edades del Hombre. El contrapunto y
su morada". Salamanca, 1993, p. 126.)

Foto: Imagen MAS